23 feb. 2014

Tú y yo...

Tú y yo
Ha pasado mucho tiempo. Todavía recuerdo cuando de jóvenes hacíamos planes sobre cómo iba a ser nuestra vida.
Ahora me topo contigo en la calle. Te digo hola y tú lo dices de vuelta. Te pregunto cómo va tu vida. Tus ojos brillan relucientes. Me cuentas sobre tu mujer y tus hijos. Los míos se apagan. Me cuentas cosas, pero no consigo oír las palabras. Veo tus labios moverse pero solo oigo el silencio pitando en mis oídos.
Pero ¿qué contarte? Que te he esperado durante todos estos años, que he tenido esperanza, aferrándome tan fuerte a todo lo que dejé atrás. No me importa si el mundo es mío, porque todo lo que sé es que te sigo queriendo, pero cuando estoy entre la espada y la pared, no necesito a nadie que me rescate porque no estoy esperando un milagro. Esta noche correré libremente hacia la tristeza. Hacia la tristeza sin nada que perder, mientras tú regresas a tu hogar.
Te miro, esperando que veas en mis ojos el dolor, pero tú solo sonríes. Y cuando lo haces, me rompes el corazón. No porque no quiera que seas feliz. Porque eso es todo lo que quiero. Sino porque años atrás, cuando me imaginaba a alguien preguntándote sobre tu vida, tú…les hablarías de mí.


16 feb. 2014

Lo que escribo.

(Lo que escribo)
24-1-14

Corto todas las cuerdas que me atan a ti para dejarme caer. Culpo al viento, que se llevó las palabras sin decir. Culpo a las llamas, que consumieron nuestro amor hasta que solo quedaron cenizas. Me culpo a mí, por haberte alejado, por haberme rendido. Te culpo a ti, por no perseguirme, por no haber luchado por mí. Pero, ¿para qué culpar? ¿Para qué señalar con el dedo?
Personas pasan junto a mí, me miran durante un instante intentado descifrar la tormenta en mis ojos, el temblor de mis dedos, la sonrisa fugaz. No sé porque todavía te busco entre la multitud, esperando que aparezcas e ilumines mi día. 
Sinceramente, no lo sé.
Alguién me da un toquecito en el hombro. Tengo la estúpida esperanza de que sea él. Levanto la mirada, pero no es él. La vuelvo a bajar.
 —Eh. Levanta la cabeza y mírame— intento seguir escribiendo, pero las palabras parecen no querer venir. Qué oportuno—.Dicen que hay varias razones por las que las personas no miran a los ojos ¿sabes? Por vergüenza, por  incomodidad, pero tú… sé que si lo haces romperás a llorar en cualquier momento, ¿me equivoco?— me coge de la barbilla y me levanta la cabeza obligándome a mirarlo. Su mirada es intensa. Escudriña mi rostro buscando algo— porque estás ro-ta -— susurra y una leve risa sale de su garganta—. Pero no sabes nada, ¿lo haces? Sientes que él te olvidará… y lo hará. Que a él le dejará de doler… y lo hará. Te quedarás encerrada en ti misma preguntándote “¿qué hice mal?”. Serás un mero recuerdo que vagará perdido, siguiendo el curso del río hasta caer por la gran cascada y perderte entre la espuma. Te hundirás, cual niño que no sabe nadar. Sufrirás el amor que apuñala más fuerte que un cuchillo, sí, un cuchillo, y te retuerce hasta llegar al corazón y dejar un agujero que nunca podrás cerrar. Y cómo predije, estás llorando-— parpadeo y me limpio una lágrima que cae por mi mejilla. Ni siquiera me había dado cuenta.
—Porque detrás de cada invierno hay una primavera y detrás de cada persona, un corazón palpitante y vulnerable-—me sonríe y entonces se aleja tarareando alguna canción. ¿Qué debería hacer? ¿Sentirme triste, enfadada...? Y sin embargo yo… me río. ¿Me río? Sí, me río. Me río por lo surrealista que es la situación. Me río por todo lo que me ha pasado, por “él”. Me río por este chico despreocupado al que no conozco, pero que parece conocerme mejor que yo.
— ¡Espera! corro hacia él. Él se gira con expresión curiosa-. ¿Cómo puedes haberme dicho eso?- le espeto entre risas. Pero él ya no se ríe.
— Siempre os veía venir aquí. Os acercabais al precipicio y cuando llegabais a la barandilla gritabais eufóricos al vacío, pero un día solo llegaste tú. Te veías totalmente pérdida e insegura. Te acercaste al borde y simplemente gritaste. Caíste de rodillas y lo único que se oía era tu llanto junto con el eco de tu grito. No sé cuánto tiempo pasó, pero parecías tan pequeña, tan frágil.  Desde ese día, venías cada día a este sitio alejado, te sentabas aquí y escribías. Y yo siempre te observaba y…—desvió la mirada—solo quería acercarme y abrazarte.
— ¿Y por eso…?
— Y por eso quería hacerte llorar. Yo soy así. Quería invitarte a salir, conocerte, pero solo malgastas tus pensamientos en ese idiota. Quería hacerte sentir peor, quería abrirte los ojos, decirte “mírame como le mirabas a él, sonríeme como le sonreías a él”.  Quería que lo dejaras ir. Parece tan tranquilo. Como si las cosas que dice no le afectaran, como si no me afectaran. Pero sí me afectan. Mucho.
No sé qué decir— admito.
—Todavía piensas en él— no lo pregunta. Es un hecho que me pesa fuertemente. Me observa atentamente y yo le observo. Después de unos minutos habla—. Me estás mirando a los ojos— me sonrojo y bajo la mirada.
—En fin… adiós—se despide y se aleja caminando, pero se gira una última vez—. Volveré.
—Te esperaré- le contesto al instante. Me sonríe y no sé por qué me da un vuelco al corazón.

Sinceramente, no lo sé.


3 feb. 2014

Hablar con el silencio cuando no hay nadie más para escucharte...


Sin título.
Empieza a andar lentamente hacia el precipicio. La observo atentamente, absorbiendo cada paso, cada parpadeo,  cada respiración. Ella no se da cuenta, pero yo estoy aquí; escondido, presente, pero invisible a sus ojos. Sus zapatos levantan el polvo de la tierra seca. Camina decidida hasta el borde donde se apoya en la barandilla. Mira  hacia abajo, al vacío que parece no tener fin. Luego, levanta la mirada, contemplando tranquilamente el atardecer que poco a poco va dejando paso a la noche entre las altas montañas. Entreabre la boca cómo si fuera a decir algo, pero en vez de eso, se aleja.

Me hubiera gustado hablar con ella, contarle lo solo que me siento, lo incomprendido que me siento… pero no puedo. Me he pasado una vida entera atascado en el silencio, temiendo decir algo mal. Simplemente me muerdo la lengua y me limito a esperar a personas como ella para decir las palabras correctas.

Entonces, veo como ella se gira y vuelve a acercarse. Se inclina sobre la barandilla y cogiendo aire, grita con todas sus fuerzas. No grita nada en concreto, simplemente grita. Y yo grito.

Una sonrisa se forma en sus labios y se aleja caminado, tarareando alguna cancioncilla.

Me han gritado muchas veces. Por amor, por temor, por desahogo; enfadados, tristes o contentos. Y yo siempre les he gritado de vuelta. Y luego se van. Y yo me quedo.

La vida sigue- dicen-, pero no siempre es verdad.
A veces la vida no sigue.

A veces solo pasan los días. 

Atentamente, el eco.